La "moda" que, talvéz, esté más en práctica en la
cocina hoy en día es el minimalismo. Ésto no solo se nota en el plato que nos sirven, sino también en la arquitectura de los restaurants y los menús (me encantaría poder decir que en los precios también). Si bien el minimalismo en cuanto a comida incumba se traduce en la porción que es servida, el arte casi plástico que se le aplica a las presentaciones de los productos utilizados es de alta consideración. Muchas veces, para que un plato de género minimalista realmente valga el precio, el tiempo de elaboración como así también la originalidad del cocinero han de ser importantes (únicos dos factores que le hacen falta a la industría aerocomercial para ser la gran celebridad del minimalismo culinario). Se me a cruzado por la cabeza, no obstante, que lo más complejo de lograr es justamente aquello que nos parece simple... lo de siempre. Un huevo frito por ejemplo. ¿Cuántas veces los hemos comido? varias, si no muchas. ¿Pero cuántas veces realmente sentimos placer al comer uno? en la mayoría de los casos, uno se sentaría y comería el huevo como si fuera cualquier otro, posiblemente sin notarlo. Si no eres una persona amante de los huevos, o simplemente no los comes tan a menudo, piénsalo con un sandwich, una tortilla, o una sopa. No es fácil conseguir que lo que generalmente vemos como algo simple, que nos saca de algún apuro, sea algo que nos plasme. ¿Qué es lo que hace falta, entonces, para que algo tan ordinario sea recordado? En primer lugar, prestar atención: cuando uno se concentra en lo que está comiendo, no solo saborea mejor la comida, sino que agudiza los sentidos y pone a funcionar su imaginación, disfrutando así de la comída más que de la gula. En segundo lugar, abilidad y sabiduría del cocinero: no me refiero a logros académicos o laborales, sino a la experiencia y el conocimiento de los preoductos, que son los que verdaderamente logran la excelencia. Y en tercer lugar, aunque de igual importancia, los productos, la materia prima: no es ninguna ciencia que cuando mejor es la materia prima que utlicemos, mejor será el producto final. En muchas ocasiones esto implica un precio más caro, productos más difíciles de conseguir, etc., pero es de vital importancia para lograr un resultado óptimo y loable.
La simpleza de una receta tiene su complejidad en su ejecución, mientras que, en ocasiones, la complejidad de una receta se traduzca en una simple y sobria presentación. A fin de cuentas, se trata de disfrutar.
Hasta la próxima
No hay comentarios:
Publicar un comentario